martes, 30 de julio de 2013

Hermana, ¿cómo se hace para sacar el odio de tu corazón?



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Hija mía, me preguntas llena de aflicción, de dolor, de indignación… siento que tu corazón ya no resiste tanto dolor… siento que no deseas sentir esa sensación y ese malestar que embriaga todo tu ser llenándolo de sentimientos fuertes, sentimientos que destruyen, sentimientos que marcan y endurecen, sentimientos que nos alejan de Dios.

Porque nos volvemos, no solo contra los acontecimientos que nos han sacudido agresivamente, donde nos vemos impotentes para cambiar el curso del tiempo, sino que nos hace llenarnos de confusión, desahogándonos contra Dios…retirándole nuestra confianza. Dios no tiene la culpa de nada, hija mía…

Aun más, cuando la tragedia arropa a un ser querido, que sin saber cómo y por qué, se nos va para siempre de nuestro lado.

Hijita, te respondo con el corazón en la mano. Escucha con calma mis pobres palabras que escribo pero que sonara en tu corazón y en tu mente… Palabras cargadas de caridad, compasión y esperanza…porque es mi fe la que adornan mis palabras, es mi confianza la que las perfuma, es mi ciega esperanza las que las sostiene…Mis palabras tocan a la puerta de tu hermoso corazón y a la puerta de tu razón que se debate en un torbellino de pensamientos.

Quiero pedirte que como una pequeña niña, te sientes a mi lado, a mis pies, dejándome acariciar tu cabellera…dejándome secar tus lágrimas como una madre hace con sus pequeños hijos cuando necesitan ser escuchados y atendidos.

Hija, me preguntas como hacer para sacar el odio del corazón… es fácil… muy fácil… simplemente “perdonar”… perdonar con toda el alma… perdonar con todo el corazón… perdonar a lo Cristo… perdonar a lo María… perdonar.

¿Pero como perdonar? Jamás…  Mira mi pequeña hijita. No has mirado bien. Mira los acontecimientos. Te has gastado orando por ese ser que tanto amas. Te has gastado pidiendo su conversión, su transformación, su regreso a los brazos de Jesús y María, a la Iglesia. 

Has orado hasta la saciedad, hasta quedar rendida por el cansancio de pedir, pedir, pedir la conversión de ese ser que tanto amas… que lleva tu sangre… ¿Y crees estar segura de que se perdió para la eternidad? ¿Por qué? ¿Por no haberlo visto convertido en vida?

¿Crees hija mía que Dios no ha tenido misericordia? ¿Estás tan segura que Dios no te escucho, no vio tu dolor vertido en cada oración?  ¿Tan pobre crees a nuestro Padre Celestial? ¿Tan indiferente le ves a las suplicas de un corazón que ha mendigado suplicando la conversión de ese ser amado tan alejado de la eternidad?

No hijita, esos pensamientos no vienen de Dios. Dios se interesa por todos nuestras preocupaciones… Dios escucha todas nuestras oraciones y suplicas. Dios es Padre, nadie, hija, nadie está más interesado en ese ser querido que Dios…

¿Por qué no te dejo ver la conversión? Porque no era necesario. Antes de morir, el pecador mas empedernido, endurecido, puede abrirse a la gracia divina, y pedir perdón de corazón… Puede, hija, puede.

Las lágrimas derramadas en la oración, el corazón gastado en la oración que se hace por la conversión de un ser querido que vive en pecado no son, no son perdidas e inútiles… jamás… Dios las recoge… y en su momento, no el nuestro, Dios obra… porque la oración de corazón, la oración de confianza, la oración de fe, la oración de suplica nunca…nunca…nunca… regresa sin haber sido escuchada y aceptada por Dios.

Ahora bien, el enemigo de las almas saca partido en todo esto. Se le escapa un alma de sus garra y colmillos… su rabieta es grande… su odio mayor… ¿Qué hace? Su mirada se clava en las almas de los familiares… su mirada se clava en aquellos que  oraron tanto por la salvación de ese ser querido… arremetiendo con todas sus fuerzas y astucia. Vendrá con pensamientos desalentadores… vendrá con imágenes y recuerdos que destroza el alma… vendrá colocando espejuelos que distorsionan una triste realidad haciéndola aparecer según su gusto… ¿Para qué? Para provocar sentimientos de odio, de venganza, alejando las almas de Dios… volviendo las almas contra Dios… contra los demás… hijita… el enemigo de las almas abona los sentimientos que afloran  llenando el alma con amargura, con desilusión, con dureza… cegando el entendimiento, endureciendo el corazón… confundiendo la razón… debilitando la voluntad.

No, hija, no… levántate… nos tenemos que levantar… y arrojarnos a los brazos de María, nuestra Madre que entiende muy bien el dolor por el cual pasas. En sus brazos encontraras de vuelta el ánimo y la luz para ver todo con mayor claridad.

Te animo a una buena confesión… te animo a perdonar… porque el perdonar le ayudara mucho a ese ser querido que tanto amas… perdonar de corazón… porque el perdonar sana tu corazón… te devuelve la paz.

Hijita, ¿sabes?, si yo estuviera en tus zapatos, correría a los brazos de la Mater… si, correría y me lanzaría a esos brazos maternales que se abren de par en par  para acogerme. Y en esos brazos inmaculados pediría su ayuda para perdonar de corazón… y en ellos desahogaría mi corazón… Luego, de la mano de mi Madrecita Celestial, iría al confesionario y me confesaría con el corazón en la mano… Después asistiría a misa… y a la hora de comulgar, comulgaría y le diría a Jesús con toda el alma que perdono de corazón y dejo en sus manos lo que no entiendo… las actitudes y comportamientos de otros… los dejo en sus manos… que no deseo ni mirar, ni saber, ni entender nada… solo quiero confiar ciegamente en la Misericordia Divina… en el Amor de un Padre Celestial que siempre, siempre me escucha y responde siempre… aunque nada vea… Dios no me defrauda nuncani a mí, ni a ti, ni  a nadie… Dios hija… tiene sus brazos abierto para ti… deseando abrazarte y en ese abrazo sanar tu corazón…porque Dios te ama con locura… Nunca, hija mía, nunca desconfíes de tu Padre que  te ha creado dándote la vida… Papá te escucho… no dudes… por favor…

Desde la Soledad del Sagrario

 

 

 

2 comentarios:

  1. ¡Muchas gracias por tan profunda reflexión!! Dios le bendiga muchísimo esta reflexión toca, agita y sana corazones ♥

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